¿Música en la oficina? Te damos las claves

La presencia de música no sorprende en determinados establecimientos comerciales. De hecho, no es extraño entrar en una tienda de ropa o perfumes y dar una ojeada a las estanterías al ritmo de los hits que salen del hilo musical, que en muchos casos está puesto a un volumen expresamente elevado. En estos casos, la música forma parte de la experiencia que la marca busca para el consumidor. Si bien en ocio y compras es habitual, todavía no está igual de bien visto o aceptado en el mundo de la oficina. Salas de espera a parte, es poco frecuente que en los despachos y oficinas se mezcle el sonido de los teclados y las conversaciones con la música ambiental. Con todo, está demostrado que la música contribuye al bienestar del trabajador, y por tanto también tiene un efecto positivo sobre la productividad.

 

Un banco británico demostró que cuando sus trabajadores escuchaban música animada el rendimiento aumentaba en un 12%, mientras que un informe hecho en Canadá reveló que durante las semanas que los trabajadores escuchaban música eran un 20% más rápidos. No es casual esta relación entre la música y el estado emocional. Los sonidos melódicos ayudan a segregar dopamina, un neurotransmisor generado en el cerebro y que proporciona la sensación del placer, y que se traduce en un mejor humor y autoestima. Así pues, se entiende perfectamente que la música suene en muchas tiendas como factor que favorece una predisposición clara hacia la compra.

 

La oficina, pues, no es una excepción. Solo debemos ser conscientes de en qué zonas y en qué momentos podemos favorecer la presencia de música, que, eso sí, deberá ser ambiental y que no invite a bailar. Cada momento necesita su canción. Si lo que pretendemos es ambientar el lugar de trabajo con una música que fomente la productividad y el buen clima laboral, lo mejor es una música ambiental y con un volumen más bien bajo. Eso será válido para todos los espacios de la oficina, excepto en las zonas donde sea necesaria una concentración absoluta. En espacios donde las personas no están de cara al público, podemos autorizar el uso de auriculares siempre que no interfieran en el trabajo. Escuchar música ayuda a bloquear los estímulos que pueden perjudicar la concentración, ya que la persona se centra en la música y no en otras distracciones.

 

Finalmente, debemos recordar que no todas las personas reaccionan de la misma forma escuchando música, y que no a todo el mundo le provoca un efecto positivo a nivel de productividad. También parece que la edad influye en el rendimiento del trabajador que escucha música. En este caso, los trabajadores más jóvenes son los que mejoran más su rendimiento, y los que también escuchan música más tiempo en el trabajo.